Home 2020 enero 17 LA AVENTURA DE LAS OBLIGACIONES PRESENTES

LA AVENTURA DE LAS OBLIGACIONES PRESENTES

LA AVENTURA DE LAS OBLIGACIONES PRESENTES

Gregg Harris

Durante un receso en uno de mis talleres, un hombre de aproximadamente mi edad subió al foro y me extendió la mano en saludo. Me dio unas palabras de aliento con respecto a la sesión anterior. Luego la expresión de su rostro se volvió seria. Me dijo que estaba sumamente frustrado con su vida espiritual desde que se había casado.

“Siento que he perdido a Dios,” me dijo. “Yo sé que suena extraño, pero de alguna manera siento que usted me puede ayudar a encontrar la voluntad de Dios para mi vida. Ahora tengo una familia, una esposa excelente y tres niños. ¿Cómo puedo dedicarme a servir a Dios de todo corazón y a la vez cuidar de ellos?”

Al escuchar la pregunta quise sentarme de inmediato a escribir un libro. Este hombre sinceramente deseaba conocer la voluntad de Dios para su vida como hombre casado. Pero teníamos sólo un breve momento. Le dije que yo no era ningún gurú, pero que con base en un estudio bíblico que había hecho recientemente, sí tenía algún consejo que ofrecerle. Me miró con esperanza.

“Dedíquese de tiempo completo a cumplir con todas sus obligaciones presentes,” le dije. Se me quedó viendo. Deduje que realmente estaba meditando en la verdad de lo que le había dicho. Es más, hasta podía asegurar que escuchaba violines tocando suavemente a la distancia.

“¿Y luego?” preguntó. “¿Nada más?” Los violines cesaron. “Le dije que no era gurú.” Así terminó nuestro breve encuentro. Viéndolo regresar a su lugar sabía que lo había decepcionado. Las obligaciones presentes no son muy inspiradoras. La expresión misma carece de atractivo: obligaciones presentes. Preferiríamos emprender una nueva aventura por allá a la distancia que seguir cumpliendo con los detalles cotidianos de nuestras circunstancias actuales.

Pero las obligaciones presentes son parte de toda aventura dirigida por Dios. Constituyen un trampolín que te lanzarán al plan y al propósito de Dios para tu vida. Veamos la experiencia del siervo de Abraham al encontrar a Rebeca.

Este relato es un hermoso ejemplo de cómo la aventura de fe comienza cuando nos dedicamos a cumplir con nuestras obligaciones actuales, por muy poco espirituales que parezcan. El punto focal del relato es la declaración del siervo de Abraham, “El SEÑOR me guio en el camino.” (Génesis 24:27, Biblia de las Américas.) Esta es una notable lección con respecto a la dirección divina. De hecho, es la primera instancia en que aparece en la Escritura la palabra “guio,” o cualquier otro derivado del verbo “guiar.” Las primeras instancias frecuentemente establecen la pauta para posteriores usos de términos bíblicos.

Génesis está repleto de tales primeras instancias; de ahí su nombre, que significa “principios.” El criado de Abraham de mayor edad y de mayor confianza había sido comisionado por su amo para encontrar esposa para Isaac de entre las hijas de los parientes de Abraham en Mesopotamia. El siervo no tenía idea de por dónde empezar, así que oró y pidió a Dios una señal especial para identificar a la doncella escogida por Dios. “Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere:

Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba, y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos;” (24:14) Nada espectacular. Sólo una expresión adicional de servicio a un extraño con un camello sediento. Pero Dios aceptó la petición del siervo. Cuando Rebeca encontró al siervo fatigado en el pozo él le pidió agua de beber. Ella respondió sacando agua para el desconocido y para sus camellos, no para pasar un examen de selección, sino para cumplir con la obligación de hospitalidad del momento.

La señal se cumplió y el siervo se apresuró a preguntar de quién era hija. Cuando ella respondió que era hija de Nacor, el propio hermano de Abraham, el siervo se regocijó con las famosas palabras: “El SEÑOR me guio en el camino.” El enfoque de este pasaje podría ser la petición del siervo de que Dios diera una señal milagrosa. Pero eso podría dejarnos con un enfoque un tanto místico de la dirección de Dios. Ciertamente Dios guía a los suyos de esta manera en ocasiones. Un ejemplo es este mismo relato. Pero ¿qué de la situación de Rebeca? ¿Cómo la guio Dios a ella a su encuentro predestinado con el siervo de Abraham? La respuesta es importante. Ella sencillamente estaba cumpliendo en aquella mañana con sus deberes del momento.

Mientras estaba en el pozo sacando agua para su familia, Rebeca mostró un poco de bondad adicional para un extraño. Al hacerlo, ella se manifestó como la doncella escogida para continuar la línea sanguínea de nuestro Señor. Parecería tan apropiado que Rebeca dijera, “El SEÑOR me guio en el camino,” como que lo dijera el siervo. Es obvio que Dios los guio a los dos al lugar correcto en el momento correcto.

Esta frase “el lugar correcto en el momento correcto,” está cargada de implicaciones acerca de la guía de Dios en nuestra vida diaria. Es entusiasmante descubrir que efectivamente hemos venido caminando en la voluntad de Dios, no a la perfección, pero de una manera adecuada para su propósito. Su gracia es mayor que todos nuestros pecados, errores humanos, y debilidades.

A pesar de nuestra imperfección tenemos esperanza por causa de Cristo. A veces nuestras circunstancias actuales nos hacen sentir desalentados y lejos de Dios. Podemos empezar a pensar que nuestra rutina diaria carece de rumbo y de importancia. Nos parece imposible ver cómo embonan eventos aparentemente no relacionados. Pero esa es la manera en que generalmente Dios trabaja. Las señales sobrenaturales y otras clases de guía directa son fabulosas cuando Dios las concede, pero parecen ser la excepción más que la regla en la Escritura.

Pablo escribió a los cristianos de Roma, “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a sus propósitos son llamados.” (Romanos 8:28.) Esto es más que una forma de que los cristianos le encontremos un buen sentido al sufrimiento personal. Es una declaración de esperanza y confianza en que Dios está guiando hacia su objetivo deseado a cada creyente. “El SEÑOR me guió en el camino.” En gran medida, la dirección divina diaria se puede encontrar preguntando, “¿Qué es lo que tengo que hacer hoy? ¿Cuál es el lugar correcto para mí en este momento?

¿Cuáles son mis deberes actuales?” En lugar de tratar de zafarme de una obligación para con mi esposa, o mis hijos, o mi vecino, necesito buscar la manera de cumplir con ellas. Al hacerlo sé que estaré en el lugar correcto en el momento correcto—igual que Rebeca.

A primera vista no parece una estrategia muy emocionante. Al igual que el dar en secreto o ayunar en secreto, requiere de una profunda confianza en la fidelidad de Dios para premiar abiertamente a quienes son fieles en secreto. La verdadera fe es la que demostramos cuando pensamos que nadie nos está viendo. Nadie sino Dios se fija en la manera en que das de beber a los camellos de un desconocido. Ni siquiera los desconocidos se van a fijar ni te van a dar las gracias, generalmente. Pero a diferencia de lo que se cree comúnmente, la aventura mayor de la vida cristiana no radica en hacer bien las cosas extraordinarias, sino en hacer correctamente las cosas comunes.

El Espíritu Santo, como el siervo de Abraham, espera encontrar a la Novia de Cristo realizando las tareas sencillas de la vida con un corazón alegre. Son el sinnúmero de pequeñas decisiones las que nos ponen en el lugar correcto en el momento correcto con la tina de agua correcta para los camellos del extraño correcto. Esta es la aventura de las obligaciones presentes. Pero ¿cuáles son nuestras obligaciones presentes? Si tienes una familia a la cual atender, tienes muchas obligaciones con las cuales cumplir. Tu aventura comienza con la rutina diaria de administrar tu hogar. Pero no se trata simplemente de aguantar en forma estoica. Hay lugar para el entusiasmo en la administración de tu hogar, si estás dispuesto a apartarte de la manada y tomar una ruta menos transitada.

En los términos más sencillos, me refiero a que tu familia tome un papel más importante en áreas como las de la educación, los negocios, la hospitalidad, la influencia en la comunidad y la adoración familiar; todas las áreas que más tienen que ver con la salud y bienestar de tu hogar. Cuando utilizo la expresión “restauración de la familia,” me refiero a mucho más que meramente reconstruir un hogar o un matrimonio deshecho. Ese puede ser en ocasiones un buen punto por dónde empezar.

Pero, así como la salud física va más allá de simplemente asegurar que tu cuerpo y tu alma permanezcan juntos (se puede estar en estado de coma y aun tener el cuerpo y el alma juntos), así también la restauración familiar va más allá de simplemente lograr que marido y mujer permanezcan juntos. Sólo cuando la persona que estuvo enferma puede levantarse y hacer algo importante se puede decir que su salud le ha sido devuelta. De igual manera, cuando tu hogar se levanta, por así decirlo, y hace algo importante, podemos decir que tu familia ha sido restaurada al propósito de Dios.

La familia americana promedio, inclusive la familia cristiana promedio, se encuentra en un estado de coma de auto gratificación y consumismo. Hay muchas familias buenas en la iglesia hoy en día. Pero al revisar el rumbo que llevan sus vidas, se descubre que básicamente son buenas para nada. No hay un sentido de propósito en su bondad. Parecería que simplemente es bueno que la gente buena sea buena. Estas parejas son como un cuerpo y un alma, que permanecen juntos, pero no hacen gran cosa. Esto no es a lo que Dios nos ha llamado. Las obligaciones presentes nos presentan un mayor reto que ése.

A todos se nos ha dado la comisión de dedicar nuestras vidas y nuestras familias al que es la realidad detrás de todos los términos bíblicos. A cada uno de nosotros se nos ha dado la libertad de diseñar, a la luz de la Escritura, un estilo de vida que dé cabida a toda la justicia de Dios en nuestros hogares, negocios, y demás ámbitos de influencia. Nos toca en turno a nosotros llevar el evangelio a nuestra generación. Esta es nuestra oportunidad de criar a nuestros hijos para la gloria de Dios. Nuestros padres y abuelos prácticamente están por terminar sus carreras.

Ahora a nosotros se nos van a dar las riendas del poder temporal. Nos toca a nosotros, como generación, ser fieles y edificar sabiamente para nuestra posteridad. Estas cosas constituyen el espectro superior de nuestras obligaciones presentes. Todo lo que hagamos en nuestra rutina diaria debe apoyar en alguna forma tangible la consecución de estas metas finales. Sólo cuando alcanzamos a reconocer la relación que hay entre los actos secretos de fidelidad y las aventuras mayores del evangelismo mundial se llega a integrar la aventura. Si el bebé realmente llega a ser padre de un hombre, y si el árbol efectivamente crece conforme a la manera en que se dobla la ramita, entonces las tareas pequeñas cobran un sentido emocionante.

“Pero ¿qué puede hacer una sola familia? Hay cuentas que pagar y comidas que preparar. Los niños necesitan estudiar y… no hay fin a la lista de pendientes. ¡Mira no más cómo está la casa! ¿Quién va a recoger todo esto?” Proverbios 14:4 nos dice, “Sin bueyes el granero está vacío; mas por la fuerza del buey hay abundancia de pan.” En otras palabras, si no tienes poder no tienes los problemas que vienen con tener poder. Pero el tener un buey es una ventaja.

Bien compensa los problemas que crea. La familia cristiana restaurada es un buey de tremenda potencia ministerial. Claro que hay que limpiar el pesebre de vez en cuando. Ese es el precio que se paga por tener una bestia de carga tan poderosa. La responsabilidad familiar con demasiada facilidad se percibe como un estorbo al plan de Dios. No tan frecuentemente se ve en su relación estratégica con el plan de Dios más amplio. La devoción no tiene por qué disolverse bajo una carga de pañales.

La etapa de tu ministerio ha cambiado, pero no los objetivos del ministerio. Tu hogar sólo necesita canalizar su potencial de acuerdo con una estrategia del hogar. Marido y mujer son embajadores de Cristo. Como tales, su hogar puede ahora funcionar como embajada de Dios, y como un destacamento del ministerio de su iglesia local. Los miembros de su familia constituyen el equipo de ministerio que está en entrenamiento. Dios ha provisto todo lo necesario para que tu hogar sea un hogar consagrado.

“El SEÑOR me guio en el camino.” Tú puedes estar en el lugar correcto en el momento correcto. Tu cántaro puede estar listo con agua para el siguiente extraño. El plan de Dios para tu vida ya comenzó. Desde un principio ha estado en pleno funcionamiento en las áreas más pequeñas de tu rutina diaria. No terminó, ni siquiera se desvió, cuando contrajiste las obligaciones de una familia.

 Simplemente empezó a desenvolverse en una aventura mayor. Así que no dejes de poner atención a las decisiones pequeñas. Las tomas todos los días. Las decisiones grandes pocas veces nos apartan del camino. Como pastor pude observar que muy pocas personas caídas podían señalar una decisión consciente, importante, de desobedecer la voluntad de Dios. No; fueron todas esas “pequeñas” decisiones que se tomaron sin consultar la Biblia ni a los hermanos. Los pequeños cambios de rumbo finalmente nos desvían a todos del camino recto y estrecho. Las decisiones realmente grandes son raras. Es tiempo de humillarnos. Deja de tratar de adelantarte a Dios, y empieza a tomar correctamente las decisiones pequeñas.

Las oportunidades que Dios da son para los que tienen humildad, no para los que tienen suerte. Tal vez sea por eso que la respuesta común de los hombres fieles ante el llamado de Dios es de asombro y de un sentido de no ser dignos. “¿Quién, yo?” es mucho más común que “¿Por qué te habías tardado?” Moisés estaba apacentando las ovejas de su suegro cuando Dios lo llamó a librar a Israel de la esclavitud. Gedeón estaba sacudiendo el trigo de su padre en el lagar cuando el ángel le llamó a ser juez sobre Israel. David estaba apacentando las ovejas de su padre cuando fue ungido rey. Rut estaba cuidando a su suegra. Muchos de los apóstoles estaban simplemente pescando, ocupados en lo suyo, cuando se les llamó a seguir a Cristo.

Los ancianos de las iglesias primitivas simplemente estaban cuidando bien de sus propios hogares cuando fueron llamados y establecidos como los pastores y maestros de las jóvenes congregaciones. Lidia sólo formaba parte de una reunión de oración de mujeres judías. Hombres y mujeres fieles hacen toda una vida de sólo atender a sus propias obligaciones presentes. Generalmente no aspiran a la grandeza, sino sólo a la fidelidad—y eso es lo que Dios siempre está buscando.

Todos los grandes hombres y mujeres de Dios estaban atendiendo sin aspavientos los asuntos que de momento formaban parte de su vida cuando Dios los llamó. Sólo hasta después se ponía de manifiesto que sus obligaciones del momento fueron la manera en que Dios enfocó sus energías en las pequeñas pero importantes decisiones de sus vidas.

 En el tiempo de Dios, cada aventura fue tomando forma. Y grandes historias se han estado contando desde entonces. Eran hombres y mujeres muy semejantes a ustedes y a mí. Por eso es que sus historias nos traen esperanza.

Cuando pienses que estás fuera de comisión, aparentemente olvidado por Dios y por los hombres, mira alrededor, porque ahí viene un extraño con un camello sediento. No puedes hacer trampa con el principio de las obligaciones presentes. Porque el llegar a estar en el lugar correcto en el momento correcto se logra con demasiados pasos pequeños. No trates de ser fiel sólo cuando tú piensas que realmente cuenta. Tal vez tengas que dar de beber a muchos camellos antes de finalmente dar de beber al camello correcto.

Sólo Dios sabe. Pero las aventuras de Dios llegan más rápidamente a quienes ponen manos a la obra y cumplen con sus obligaciones presentes. Así que despreocúpate, y recoge tu cántaro. El siguiente camello al que le des de beber podría ser el último.

Author: El Hogar Educador

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